© 2020 Última actualización: 26-mar-2020

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Vicente Yáñez Pinzón

El descubridor del río Amazonas

El primero que descubrió el río Marañón (Amazonas) fue el piloto Vicente Yáñez Pinzón… Y éste fue el primer cristiano y español que dio noticias deste grande río.” (Gonzalo Fernández de Oviedo). 

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Son muchas las crónicas de los expedicionarios españoles que nos hablan de los ataques que sufrían los españoles al poner pie en tierra. Por ello, la Casa de la Contratación de Sevilla crea la figura del “desterrado”: reo de la justicia, que a cambio de ser liberado de prisión, aceptaba ser el primer hombre en pisar tierra cuando se llegara a parajes desconocidos. Su obligación era iniciar los contactos con los nativos y probar los alimentos que iban encontrando, desconocidos por los europeos. Si alguno de estos hombres lograba finalizar la expedición con vida, obtenía el perdón real y quedaba libre de todo cargo. Dura prueba, pero considerada por muchos de los penados como la única vía que les ofrecía la posibilidad de salir con vida de las lúgubres cárceles de la época.

Albert Bierstadt: Die Landung von Kolumbus (1892)

 

Al igual que la mayoría de sus paisanos, desde su más tierna juventud Vicente Yáñez Pinzón tiene como único oficio el navegar. Sabemos de él que se dedica al comercio marítimo por el Mediterráneo, norte de África y puertos europeos atlánticos, y que el año 1477 ejerce la piratería saqueando las costas catalanas y tomando por la fuerza los géneros estibados en varias de las naves que se le cruzan en la mar. Debido a su elevado prestigio como navegante, Cristóbal Colón le entrega el mando de la carabela Niña en su primer viaje a América.

Nace entre los años 1461-1462 en la villa de Palos de la Frontera. Tras una vida dedicada al comercio marítimo, acompaña a Colón en el descubrimiento de América, llevando el mando de la carabela Niña. Fallece en el barrio de Triana de Sevilla en septiembre de 1590.
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Ruta de Vicente Yáñez Pinzón en el año 1500.

 

En los últimos días de noviembre de 1499, una vez conseguido permiso real para descubrir en las Indias, sale, no se sabe bien si de Sevilla o de su pueblo natal, al mando de cuatro carabelas, todas ellas tripuladas casi en su totalidad por marinos onubenses.

 

Después de hacer una breve escala en la isla Santiago de Cabo Verde, donde embarca alimentos frescos, agua potable y leña, el día 13 de enero de 1500 pone su proa hacia el SO. Trece jornadas más tarde, recalan en el brasileño cabo San Roque. Espléndida travesía, habían dejado tras su estela 1.600 millas en tan solo trece singladuras, es decir habían navegado a 5,13 nudos, media de velocidad pocas veces alcanzada en navegaciones transoceánicas con un barco de estas características. Un breve descanso y de nuevo a la mar, esta vez hacia el NO.

Cuando navegan al través de la desembocadura del río Pará, los expedicionarios ven sobre una colina cercana a un gran número de indios. Vicente Yáñez envía a tierra a un grupo de sus hombres, con el fin de conocer cuáles eran las intenciones de los nativos y, a ser posible, conseguir alguna información sobre las tierras a reconocer. Cuando los españoles desembarcan y se dirigen hacia los nativos con la intención de iniciar el intercambio de regalos, éstos responden con una lluvia de flechas. En la refriega pierden la vida ocho marineros y otros muchos quedaron heridos.

 

Después de tan triste incidente, continúan su peregrinar hasta llegar a un lugar donde aún estando en la mar, pueden llenar sus vasijas con agua dulce. Impresionados por tal rareza deciden acercarse a tierra, iniciando así la travesía del gran delta del Amazonas. Convencidos de que se hallaban en la desembocadura de un gran río, reinician su viaje de exploración. Al llegar al golfo de Parias ven como se les acercan dos carabelas españolas, eran las que mandaba Diego de Lepe, que había salido de Sevilla pocos días después de Vicente Yáñez. Dos onubenses se reúnen en un lugar tan remoto y desconocido por los europeos, lo que habla del arrojo de los marinos de este solar, cuna de innumerables hombres de mar que navegaban por todos los mares y que fueron los primeros en aventurarse a surcar las aguas atlánticas.

 

Días más tarde, cuando se encontraba a la altura de la isla Crooked (Bahamas) le sorprende uno de esos terribles huracanes que de vez en cuando arrasan las costas caribeñas, hundiéndole dos de sus naves con todos sus tripulantes. Las dos carabelas supervivientes regresan a Sevilla en septiembre de 1500.

 

Sabemos que lleva a cabo dos nuevos viajes trasatlánticos. En el primero de ellos iniciado en 1506, reconoce buena parte del mar Caribe, y en el segundo, en el que compartía mando con el lebrijano Juan Díaz de Solís, parte de Sanlúcar de Barrameda en 1508 para navegar por aguas de la isla de Guadalupe, Puerto Rico, La Española, Cuba, América Central y Península de Yucatán. El rey Fernando reconociendo sus méritos le nombra “Piloto Real” con un sueldo vitalicio de 40.000 maravedís, caudal que le permite vivir con holgura el resto de su vida.