Pero Alonso Niño

En tierra de caníbales

Pero Alonso Niño, (mi) padre, sirvió a los Reyes Católicos e fue personalmente al descubrimiento de las dichas Yndias e Tierra Firme en compañía del almirante Colón, por maestre de una nao." (Pleitos Colombinos).

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Todo el que partía a descubrir cargaba sus bodegas de baratijas para utilizarlas como mercancías de trueque por los géneros que los indios les pudieran facilitar. Si para Europa eran valiosas las perlas y los metales preciosos que se traían de estas distantes tierras, para los indios americanos las mercaderías manufacturadas en España, por ser desconocidas por ellos, alcanzaban un incalculable valor: las tijeras, espejos, láminas de cobre, plomo, cascabeles, cuchillos “de los peores”, anzuelos, peines, cristales de colores, manillas de latón, paños de colores, etc, eran tan consideradas que “los indios quedaban tan contentos pensando que iban los cristianos engañados”.

 

Maestre de la más ilustre de todas la naves que ha habido en el mundo, la Santa María aquella que descubrió un Nuevo Mundo para occidente, pasa a la carabela Niña cuando su nao se pierde en las costas de Haití, regresando con ella a Palos de la Frontera.

Años después forma compañía con Cristóbal Guerra para ir a descubrir nuevas tierras en el continente americano. Su nueva aventura se inicia en Palos, de donde era natural su socio, en la primera semana del mes de julio de 1499. Navegan a bordo de una carabela de unas 70 toneladas de desplazamiento tripulada por 33 hombres.

Nacido en Moguer, junto con sus hermanos Cristóbal, Francisco, Andrés, Juan, sus hijos Bartolomé y Francisco y su sobrino Alonso, forma la saga que mayor protagonismo ha tenido en las primeras expediciones a América. No sabemos dónde rinde su vida ni en qué circunstancias.
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Ruta de Pero Alonso Niño

 

Después de cruzar el Atlántico sin incidente alguno, tocan tierra americana en la desembocadura del río Orinoco, desde donde rumbean hacia el noroeste siempre muy pegados a tierra. Al llegar al golfo de Parias, desembarcan para cortar madera de brasil que por aquel entonces alcanzaba un alto precio en la Península Ibérica. Algo más tarde, cuando se encontraban atravesando las Bocas del Dragón, se topan con 18 canoas de caníbales que iban a cazar hombres por aquellas comarcas. Los indios acometieron intrépidos a la carabela lazándoles una lluvia de flechas y armas arrojadizas, más “los nuestros los atemorizaron tanto con los tiros, que al punto se pusieron a la fuga”. Los españoles les persiguieron con el bote de abordo alcanzando a una de sus canoas que llevaba a dos caribeños, uno de ellos atado de pies y manos. “Este que llevaban atado, saltándole las lágrimas, con gestos de las manos, ojos y cabeza, dio a entender que aquella gente nefanda se había comido a seis compañeros suyos miserables, sacándoles las entrañas y cortándolos cruelmente en pedazos, y que lo mismo iban a hacer con él al día siguiente”. Liberan al prisionero y le entregan a su opresor, del que toma sangrienta venganza.

 

Continúan su navegar hasta que arriban a la isla de Margarita donde consiguen embarcar un buen cargamento de perlas, mercadería que siempre había sido uno de los objetivos a conseguir, junto al oro y la plata, por aquellos osados hombres de mar. Con las bodegas cargadas de brasil y perlas el resultado crematístico de la empresa estaba asegurado, pero había que continuar, ya que de hallar nuevas tierras contenedoras de estas riquezas podrían pedir a sus reyes la gobernación de estos parajes y con ello alcanzar altos niveles económicos acompañados de prestigio y consideración.

 

Efectivamente, tanto en Cumaná como en Maracaná y Carabobo, se dedican a intercambiar baratijas por perlas. En el interior del golfo de Maracaibo son tan bien recibidos por los naturales, que estos los alojan en sus casas y les regalan de manera abundante carne de venado, conejos, ánsares, papagayos, además de un excelente pan de maíz. No reciben el mismo tratamiento cuando intentan desembarcar en la orilla occidental de la península de Guajira, pues unos dos mil naturales les salen al encuentro armados con mazas, arcos y flechas, forzándoles a regresar a su carabela. Satisfechos ambos socios con los resultados tanto económicos como geográficos de su expedición, deciden regresar a España, para lo cual deshacen el camino andado.

 

Cuando el mes de abril del siguiente año desembarcan, en la ciudad gallega de Bayona, Niño es acusado, junto a algunos de sus compañeros de viaje, de haber retenido parte de las perlas que traía abordo para su propio beneficio sin haberlas declarado a las autoridades, y en consecuencia no entregar el 20 % del diezmo que a la Corona le correspondía de acuerdo con lo firmado en la concesión real. Niño es encarcelado y sometido a juicio, del que sin lugar a dudas sale inmune, ya que al poco tiempo la reina Isabel le honra al considerarlo como uno de sus capitanes. Sabemos de él que vuelve a cruzar el Atlántico en varias ocasiones.

© 2020 Última actualización: 26-mar-2020

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