Antón de Alaminos

En descubridor de la Corriente del Golfo 

Tal era su maestría en la mar y tan alta su estima y consideración, que las autoridades españolas le conceden el cargo de Piloto Mayor.

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La Corriente del Golfo es un flujo de agua templada que después de pasar por Cuba y el estrecho de Florida, penetra en el Atlántico norte con una anchura de 30 millas, una profundidad de 400 metros y a una velocidad de 5 a 8 millas por hora –9,26 a 14,8 kilómetros por hora– y que alcanza hasta una temperatura de 30º. Después de bordear el litoral norteamericano, atraviesa el océano, cubriendo una extensión que va desde Islandia a las Azores.

Desde su más tierna edad, ve como buena parte de los hombres de su pueblo, Palos de la Frontera, se van embarcando en aquellas naos y carabelas que parten a descubrir al Nuevo Mundo. Ello le empuja, siendo aún un muchacho, a enrolarse en la armada que lleva Colón a las Indias en su cuarto viaje, entre abril de 1502 y noviembre de 1504.

Llevaron por piloto a un marinero llamado Antón Alaminos, el cual, los tiempos pasados, siendo él mozo y grumete, había navegado y hallándose con el Almirante viejo, primero que descubrió las Indias, cuando descubrió Veragua el año de dos sobre quinientos. Bartolomé de las Casas. Historia de las Indias. libro III, cap. XCVI.

Nace en la marinera villa de Palos de la Frontera en 1482. Cuando contaba 20 años, participa en el cuarto viaje de Colón. Pasa algún tiempo en La Española, para posteriormente establecerse en Cuba, desde donde toma parte en diversos viajes de exploración. No se sabe a ciencia cierta si muere en España o en la Nueva España, sobre el 1520.
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Primer viaje de Antón de Alaminos, en 1512.

Siendo ya piloto, embarca el año 1512 a bordo de la carabela Santiago, que pertenecía a la flota del gobernador de Puerto Rico Juan Ponce de León, y navega por el archipiélago de las Bahamas o Lucayas, tocando a principios de abril el continente norteamericano a los 30º N, y llamando a las nuevas tierras, por ser tiempo de Pascua, Florida.

 

Continúan su expedición hacia el Sur, y Antón de Alaminos advierte al surcar las aguas que bañan las costas de Florida, que una fuerte corriente frena la marcha de las tres naves que conforman la flota. Esta observación, complementada con la que realiza años más tarde cuando vuelve a navegar, pero ésta vez en sentido contrario, le lleva a realizar uno de los descubrimientos oceanográficos que más influencia han tenido en la navegación a vela: es el primer navegante que señala con claridad la Corriente del Golfo.

 

Por otra parte, durante esta expedición consiguió ser de los primeros hombres en recorrer el estrecho de la Florida, doblar la península y continuar hacia el Norte hasta la Bahía de Tampa. Incluso hay estudios que señalan que llegó hasta la Bahía Apalache. En el viaje de regreso Ponce de León le encarga que busque con su navío la isla de Bimini, lo cual logra satisfactoriamente, regresando felizmente a Puerto Rico.

1er viaje

Y buscamos tres pilotos, que el más principal y el que regía nuestra armada se decía Antón de Alaminos, natural de Palos... y el otro piloto se llamaba Joan Álvarez el Manquillo, natural de Huelva. Bernal Díaz del Castillo. Historia Verdadera de  la  conquista de Nueva España. Cap. I.

 

Así Alaminos participó como piloto mayor en la armada de Francisco Fernández de Córdoba, compuesta por tres navíos, otro de los cuales era pilotado por el onubense Joan Alvarez el Manquillo, que a principios de 1517 zarpa del puerto de Axaruco en la Habana, rumbo a descubrir nuevas tierras hacia el Oeste: sin saber bajos ni corrientes, ni qué vientos suelen señorear en aquella altura, con gran riesgo de nuestras personas, porque en aquella sazón nos vino una tormenta que duró dos días con sus noches (Ibídem,  cap. II).

2º viaje

Segundo viaje de Antón de Alaminos, en 1517.

Llegan a la provincia de Yucatán y después de doblar el cabo Catoche, siguen costeando y navegando hacia poniente, descubriendo puntas, bajos y arrecifes, hasta llegar a Campeche y más hacia occidente a Champotón, que se denominó Costa de la Mala Pelea, por la cruenta lucha que presentaron los indios de aquellas tierras a los españoles, que después de haber sufrido numerosas bajas, decidieron volver a Cuba, siguiendo para ello la ruta trazada y recomendada por Antón de Alaminos, que consistía en navegar hacia la Florida y de ahí a Cuba, por ser mas cercana y fácil la navegación por este camino.

 

Y el piloto Antón de Alaminos se concertó y aconsejó con los otros dos pilotos que desde aquel paraje adonde estábamos atravesásemos a la Florida, porque hallaba por sus cartas y grados y altura que estaría de allí obra de setenta leguas, y después de puestos en la Florida dijo que era mejor viaje y más cercana navegación para ir a la Habana que no la derrota por donde habíamos venido, y ansí fue como lo dijo, porque, según yo entendí, había venido con un Juan Ponce de León a descobrir la Florida habría ya catorce o quince años... y en cuatro días que navegamos vimos la tierra de la misma Florida. (Ibídem. cap. IV).

 

Tanta sería la confianza que en este piloto palermo tenían el capitán de la armada y los soldados españoles, malheridos en su mayoría por el enfrentamiento con los indígenas, que la expedición siguió fielmente su propuesta y navegó hasta arribar a las costas de la Florida, donde desembarcó junto a una veintena de hombres en busca de agua potable para rellenar las pipas de los navíos, viéndose sorprendido por el ataque de los indios de la tierra, que consiguieron herir a Alaminos en la garganta. No obstante, el piloto logró regresar a los navíos, que emprendieron el viaje de vuelta a Cuba.

 

No terminan aquí las acciones de Alaminos, ya que en 1528 se enrola como piloto mayor de la expedición que parte del puerto de Matanzas el 8 de Abril al mando de  Juan de Grijalva, compuesta por cuatro navíos en los que había, además de Alaminos, otros dos pilotos onubenses, su antiguo compañero Joan Alvarez el Manquillo, de Huelva, y Sopuesta, de Moguer.  La armada pasó por la isla de Cozumel, cabo Catoche, Campeche, hasta llegar a la Boca de Términos, llamada así porque Antón de Alaminos creyó ser la desembocadura de un estrecho, al pensar que Yucatán era una isla. Siguen avanzando hacia poniente y descubrieron los ríos Usumacinta, Grijalva, Alvarado y Jamapa, San Juan de Ulúa, la provincia del Panuco y el río Canoas, y así tras haber conocido por primera vez la cultura azteca, regresaron a Cuba para contar las noticias de las nuevas tierras.

 

La gran experiencia y destreza que había mostrado Antón de Alaminos en las expediciones anteriores hacia la costa del Golfo de México, llevaron a Hernán Cortés a no dudar ni un momento en nombrarlo piloto mayor de su armada de once navíos, confiando además el puesto de pilotos a hombres nacidos en solares onubenses, todos ellos precedidos de notable fama de  expertos marinos, como Gonzalo de Umbría, nacido en la aldea de Umbría de Aracena, el ya conocido Juán Álvarez el Manquillo  y algunos Pinzones de Palos.

 

Cuando Cortés desespera por la pérdida de una de sus naves, la capitaneada por Juan Velázquez de León, Alaminos le tranquiliza diciéndole que en esa nave va por piloto el Manquillo, el cual conocía bien la zona por la que navegaban: Señor, tenga por cierto que se metió en uno como puerto o bahía que queda atrás y que el viento no le deja salir, porque el piloto que lleva es el que vino con Francisco Hernández y volvió con Grijalba, que se decía Joán Álvarez el Manquillo y sabe aquel puerto. (Ibídem, cap. XXX).  

 

Al recalar la armada de Cortés en una bahía de la costa mexicana de Tabasco, reciben noticias de un marinero palermo llamado Gonzalo Guerrero, que había sido apresado y esclavizado por los nativos cuando la carabela en la que navegaba se le hundió, hacía ya ocho años, pero había sido tal su habilidad, que pronto se sacudió de la esclavitud para quedar como jefe de guerra de estos hombres. De tal manera se identifica con sus capturadores, que cuando la flotilla de Fernández de Córdoba toca en estas tierras, él fue el que animó y dirigió a los nativos que le dieron dura batalla.

 

El 16 de julio de 1529, por orden de Cortés, sale del puerto de Veracruz con destino a España, portando noticias de los hechos acaecidos a este gran conquistador extremeño y llevando oro para ser entregado al rey Carlos I. Después de hacer una escala en Cuba consigue arribar a la barra del Guadalquivir, trayendo a oro bordo, y con el encargo de dales noticias al rey.

3º viaje

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Marineros. Fresco de Vázquez Días. Monasterio de la Rabida.

Continúa su empresa, dirigiéndose al Darién. Una vez allí, Nicuesa decide embarcar en la más pequeña de sus naves para continuar él solo reconociendo el litoral, ordenando a los capitanes de las otras embarcaciones que le siguieran, pero mar afuera. Dobla el cabo Tiburón, pasa por la ensenada de Anachucuna, y cuando acababa de dejar por su popa la punta de Carreto, le sorprende  una muy violenta tempestad con vientos del sur, por lo que se ve obligado a navegar hacia el norte. Los cuatro barcos restantes también son arrastrados por el vendaval, por lo que pronto pierden de vista a su comandante.

Se le echa la mar cuando se encuentra a la altura de la laguna Chiriquí. Allí Nicuesa, al verse solo, y temiendo que el resto de sus naves hubieran sido llevadas al fondo por las enormes olas que les habían sacudido, vira en redondo y se dirige hacia el sur. En su camino se adentra en lo que le parecía la desembocadura de un río, pero cuando permanece fondeado y al bajar la marea, queda la carabela en seco. Lógicamente se escora y, al apoyarse sobre una de sus bandas, las maderas se les comienzan a abrir. Estaba claro que cuando retornara la pleamar el barco se iría al fondo, por lo que se ve obligado a abandonarlo.

 

La situación es angustiosa, con pocos hombres, sin armas, y en tierra de indígenas antropófagos, pocas posibilidades le quedaban de poder alcanzar tierra amiga. Mientras tanto, el piloto que había quedado al frente de las otras cuatro naves, Lope de Olano, hombre ambicioso que cree ver que le ha llegado su oportunidad para conseguir honra y riquezas, sale inerme de la tempestad y decide dejar abandonado a su suerte a Nicuesa.

Los náufragos, alimentándose únicamente de algas marinas y mariscos que recolectaban en las playas que iban atravesando, acosados por los indios, desnudos y casi sin esperanzas, cuando llegan a lugar seguro construyen una balsa con la que pasar a lugar más acogedor. Cuando se hacen a la mar en esta ligera armadía, incapaces de gobernarla, se ven cada vez más lejos de tierra. Cunde la desesperación, el agua potable se les acaba, no tienen nada que llevarse a la boca y todo ello bajo un  tórrido sol.Tantas calamidades provocan que cada mañana aparezcan en la cubierta de la balsa los cuerpos sin vida de algunos de sus compañeros.

 

Al fin un día, cuando ya llevaban muchas jornadas solos, ven aparecer por el horizonte una vela castellana, que los recoge y los lleva a una de las orillas del río Belén, en donde se encontraba el hombre que había decidido dejarlo abandonado. Nicuesa, al verlo, lo detiene y le carga de grilletes, acusándole de haber sido el culpable de las horribles muertes de muchos de sus hombres. Más tarde sube a bordo en una carabela española que lo traslada a Santa María la Antigua del Darién. Una vez aquí, al enterarse de que la gobernación de dicha población la había asumido Vasco Núñez de Balboa y que ésta se encontraba dentro de Castilla del Oro, se enfrenta airado al capitán extremeño. Este lo apresa y lo manda al destierro, embarcándolo en un viejo bergantín.

 

Unos marineros que naufragaron en Cuba dijeron haber visto un letrero grabado en un árbol que decía así: aquí feneció el desdichado Nicuesa.

© 2020 Última actualización: 26-mar-2020

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